Tenemos pues que el vigilante de seguridad debe reunir las capacidades de control, vigilancia, protección, atención al visitante, cortesía, educación, profesionalidad, conocimientos, y un largo etcétera, que descartan la integración en sus misiones de una persona sin la suficiente formación.
La necesidad de formación adicional se incremente con la asunción de misiones, por parte de los vigilantes de seguridad, de algunas reservadas a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, en lo referente a protección de edificios públicos y prestación de seguridad en aeropuertos, puertos, estaciones de ferrocarril, y otros transportes públicos, en donde no solamente se controla un lugar, sino que se controla un espacio muy concurrido, en donde la percepción del conjunto y el análisis de detalles aparentemente insignificantes pueden hacer alertar de que alguien quiere cometer un delito.
Mención especial merece el trabajo de escolta del vigilante de seguridad, en donde la capacidad de estar permanentemente atento al entorno, la reacción rápida y la atención constante sobre el protegido, son aspectos exigibles, a más de otro mucho más importante, la capacidad de sacrificio, ya que al escolta se le pide que proteja, aún con su vida, a otra persona.













































